Atemorizando con la Ley del Karma.

Es verdad que algunos corren donde los ángeles no se atreverían a pisar con la punta de sus pies.

No cabe duda que es una gran responsabilidad decir que tal o cual persona merece pagar la situación de infortunio que vive por karma, o que va a tener que pagar karma por tal o cual conducta, o que se va a ir al abismo porque entra o sale de una institución de carácter gnóstico o espiritualista…

Y es mucho más responsabilidad todavía amenazar con el karma en caso de salirse de la institución amenazante, o bien, cuando se compran o leen libros sobre la Venerable Maestra Litelantes, o se lleva amistad con quien disiente de los amenazantes.

La Venerable Maestra comentaba sobre la mucha ligereza con que los estudiantes le echaban la culpa a la Ley del Karma, respecto a los hechos que les sucedían en la vida cotidiana: que si se machucaban un dedo era karma, que si salieron reprobados en el examen era karma, que si los dejó la esposa, todo era karma. “Ya dejen el karma en paz”, decía la Maestra, “háganse responsables de sus actos”, y otros conceptos más que están ampliamente documentados.

La verdad es que se paga karma cuando pecamos contra el Espíritu Santo… y entre los estudiantes gnósticos bien sabemos que en nuestro caso no hay excusa, que cuando así pecamos es a sabiendas: “Antes porque no sabíais, ahora porque sabéis”, dice el Nuevo Testamento.

Se paga también por hacerle mal al prójimo ―de pensamiento, palabra y obra― y también por no hacerle el bien, pudiéndolo hacer.

Gran karma se echan a cuestas los que se apropian de la mujer del prójimo:

“Hay hermanitos que se roban la mujer ajena dizque porque la ley del karma así lo dispuso. Todos estos delitos han llevado al abismo a millares de estudiantes espiritualistas”, decía nuestro Señor Samael aun Weor.

También se carga la balanza al rigor, cuando se usa “la magia sexual como pretexto para seducir a muchas ingenuas devotas del sendero, así es como estos adúlteros místicos se alejan del altar de la iniciación y caen en el abismo”, nos vuelve a reiterar el Maestro.

No se diga ya sobre revelar los secretos de la Orden y otras menudencias, como faltar al honor y la gloria por impedir el triunfo de la Justicia ―ya sea haciendo, tolerando o aplaudiendo la injusticia― y asimismo, no seguir los tres factores de la revolución de la conciencia, o bien, ser infiel a las enseñanzas del Avatara de acuario.

Gran responsabilidad tiene quien hace de la gnosis un negocio, quien estando obligado al buen ejemplo no sólo no lo da, sino que después de defraudarnos como líder su único argumento es la pureza de su herencia, manchando así tal pureza en vez de honrarla, herencia que ya se ha dilapidado terriblemente y no se ha sabido conservar.

Gravísima falta es permitir y tolerar que se infamen los nombres de los Maestros… La primera de las peticiones del padre nuestro es “Santificado sea tu nombre.” No se necesita ser muy sagaz para sacar las conclusiones.

En efecto, cuando el nombre de los Maestros y Fundadores es denigrado, en el momento oportuno entran en acción los Principios, Príncipes y Principados… Es ilógico pensar que las cosas seguirán como si nada hubiera pasado. “Tienen en monedas de cobre el oro de ayer cambiado”, como dijo el poeta.

Sin embargo ―y a pesar de la evidencia― ya no debería causarnos asombro la ingenuidad de algunos estudiantes, cuando temen por la salvación de su alma o ser juzgados severamente por la Gran Ley, si no respetan una línea según esto monárquica, y aún siguen creyendo los falaces argumentos de nuestros opositores.

¿Por qué no temen a la Ley del Karma cuando obedecen ciegamente a quienes denuestan a nuestra sagrada Maestra, abusan del poder, faltan el respeto a los estudiantes y hacen de la gnosis un negocio? ¿Por qué no temen al karma cuando los imitan?

El fanatismo los ha trastocado: Antes herederos del conocimiento universal ―la Philosophiaperennis et universalis― y ahora simples sectarios, que tienen prohibido leer o vender cierto libro sobre la Maestra (“Litelantes, La Gran Estrella del Dragón”). Los Maestros no prohibían la lectura de los libros de otros autores, mucho menos de aquellos donde se exaltan su nombres.

También nos divierte saber que prohíben no sólo tener amistad, sino siquiera trato, con ciertas personas que no piensan exactamente como ellos, y si se llegan a apartar un milímetro de la interpretación oficial ―o de los corrillos de la Corte― ya es anatema y herejía.

O bien, si alguien tiene el valor de exponer ante el solemne veredicto de la conciencia pública los “hechos personales” o la “conducta personal” de quienes deben dar ejemplo como dirigentes de una Institución espiritual, según ellos está cometiendo alta traición ―deberíamos alcahuetear sus faltas, para no ser traidores― y lloran y se lamentan porque según esto se viola la voluntad de los Maestros pues no respetamos la “línea de sangre” de quien no da a respetar su sangre, y por último, expresan que le caerá el “peor de los karmas” a quien habla con la verdad. ¡Bendita verdad, que nos hace libres!

Con lo cual demuestran otra vez que se han inclinado al sectarismo, pues perdonan y hasta aplauden los desaciertos de sus líderes, de suerte que pueden cometer cualesquiera trasgresiones a las leyes humanas o divinas y sus seguidores guardan “prudente silencio” y temor reverencial. En verdad son dignos de la mayor compasión.

No es la primera vez que la familia de la Maestra desobedece sus órdenes, ni es la primera vez que vemos a los herederos de los reinos dar al traste con ellos: Empiezan desechando a los antiguos consejeros y fieles servidores de sus padres, hacen caso de aduladores, advenedizos e interesados, y luego cargan al pueblo con mayores impuestos y gravámenes, episodios comunes en la historia y en la Biblia.

Precisamente en este libro sagrado leemos lo siguiente:

“Y estando Él aún hablando á las gentes, he aquí su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querían hablar.

Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están fuera, que te quieren hablar.

Y respondiendo Él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?

Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.

Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.” (Mateo 12:46-50)

Y algunos sectaristas, después de poner sobre los demás cargas que ellos mismos no pueden llevar sobre sus hombros, encima amenazan con el karma a todo aquel que se salga de su escuela o tenga amistad con los disidentes o se atreva siquiera a leer nuestro libro sobre la Venerable Maestra Litelantes.

Es un gran atrevimiento amenazar con la Ley del Karma, sea cual fuere la situación, y encima mencionar el nombre sagrado de nuestro Señor Anubis ―el de la manos puras, el bienamado de Ra, el verdadero dueño de nuestras vidas y haciendas― como apoyo para sus engaños y maquinaciones. Como dice el antiguo refrán, repetido por el Maestro: “La ignorancia es atrevida.”

Es más, quienes así amenazan, se refirieren al Gran Jerarca de la Ley como si de su igual se tratase ―como si estuviera al servicio de ellos―, ni siquiera se dignan en guardar la distancia al mencionar que es Venerable Maestro. Decía Dondita: “Como si fuera tan fácil hablar con ese Señor.”

Las cosas sagradas deben respetarse y responsabilizarse del verbo quienes se auto-confieren facultades y amenazan con la Ley Divina, como si fueran ministros plenipotenciarios de la misma, pues atacan a la Luz del Karma quienes dicen invocarla.

Empero, seguimos firmes quienes servimos a su Ministra sagrada, nuestra bendita Maestra Litelantes, la Virgen del Tribunal… primero denostada, luego olvidada y ahora ―que han sido descubiertos― “resucitada” por aquellos que así vienen amenazando tan irresponsablemente, arrogándose facultades de juicio divino…

Arguyen además, quienes amenazan con el karma, que nuestra labor es ánimo de notoriedad y deseos de quedarnos con los grupos, como triste excusa a su incompetencia, ambición y malos modos en el trato con los estudiantes.

Si hubiésemos querido quedarnos con los grupos, ¿por qué entonces esperamos a diez años de la desencarnación de la Maestra para pronunciarnos? Lo lógico es que de inmediato hubiéramos intentado acaparar grupos. O bien, posteriormente, aprovechado la indecisión del momento cuando la conjura, la ―verdadera― traición del entonces apoderado legal y coordinador internacional de instructores.

En verdad que no resisten un análisis los argumentos de nuestros opugnadores, pues vemos con tristeza que razonan como niños de ocho años, y nos da mucha pena por aquellos equivocados sinceros que todavía les creen.

No andamos a la caza de grupos ni destruyendo instituciones, sabemos muy bien que nuestro Padre que está en secreto enviará a nuestra Iglesia a todas aquellas personas de buena voluntad que Él disponga, a quienes deseen sinceramente respetar a sus compañeros y venerar el nombre de los Maestros, a los que no les interesen los diezmos ni las cuotas, sino que tengan devoción al practicar la enseñanza…

Está muy claro que en tiempos del fallecimiento de la Maestra, respetando su voluntad le dimos su lugar, su oportunidad que la Maestra le dio al director del IGA.

Y cumpliendo aquí y ahora, también su voluntad de la Maestra, primero le hicimos las observaciones pertinentes ―antes y después de que éste faltara a su palabra y se retractara del beneplácito que inicialmente dio a nuestra Institución― relativas a la tergiversación de la doctrina, su administración institucional como un negocio más, y su pésimo ejemplo personal y de sus más inmediatos, lo que constituye desobediencia total a los postulados de la Maestra, y por ende, del Maestro. Su reacción fue muy desafortunada, como consta en los antecedentes de esta página.

Por otra parte, ante la evidencia de la explotación generalizada de los estudiantes ―la imposición de cuotas prohibidas por la Maestra, los ladrillos de dos mil dólares, los fraudes, las rifas nunca cumplidas― y las graves ofensas a los símbolos gnósticos, mas el gravísimo delito de infamar el sagrado Nombre de nuestra amada Gurú, la Venerable Maestra LITELANTES, nos fuerzan a pronunciarnos:

● A favor de la veneración de la Maestra y su Esposo-Sacerdote, nuestro Buddha Maitreya, el Gran Avatara de Acuario, a cuyas enseñanzas juramos fidelidad, y

● En contra del incumplimiento de los deberes del cargo del director mundial del IGA y su esposa, por afectar los principios gnósticos fundamentales; hacer de la gnosis un negocio; no sólo torcer sino contradecir abiertamente las palabras de nuestros amados Maestros; y ―por último pero no al final, al ser de primera importancia en una institución espiritual― por dar un pésimo ejemplo personal, que empieza a extenderse de la cabeza a los pies.

“Nos da dolor decir esto, pero es la verdad. Es tan malo hablar cuando se debe callar como callar cuando se debe hablar. Hay silencios delictuosos, hay palabras infames…”, decía nuestro amado Maestro Samael Aun Weor.

Los Maestros ya dieron un nuevo giro a la dirección de la instituciones gnósticas, y quien es ahora, para nosotros, ex-director mundial (él mismo se auto-limita a director mundial del IGA), lamentablemente no se ha dado cuenta todavía.

Por otra parte, la ignorancia ―atrevida de por sí― se atreve incluso a comparar la situación actual del ex-director mundial, con la situación que vivió la Maestra cuando le dio la espalda su hija, la ex-coordinadora de misioneros…

Pena nos da escuchar tales desaciertos, pues si las comparaciones son odiosas, esta lo es en grado superlativo. En esa tesitura, más se parece su situación a la de Hipatía que a la de Dondita. Son argumentos insubstanciales, como dijera el Maestro, verdaderamente absurdos.

Por el más elemental sentido común: ¿Dónde estará más contenta la Maestra: con quien la infama o donde es venerada? ¿Quién le da la espalda a su propia palabra y a las palabras de los Maestros?

Nos duele en verdad todo esto, porque nos tocó fundar y fortalecer las instituciones al lado de la Maestra, instituciones ahora en decadencia, cuyos líderes nos detractan como medio exculpatorio de sus propios vicios e irreverencias para con el sagrado Nombre de nuestra Gurú, la Venerable Maestra Litelantes, que es tanto como faltarle el respeto al Nombre de su Esposo-Sacerdote, nuestro bendito Maestro Samael Aun Weor.

Obedeciendo a la Maestra, toca ahora ayudar a sanar las heridas que les han hecho a las instituciones ―otrora dedicadas a la Maestra― aquellos irreverentes a quienes se les ha dado en llamar atinadamente “virus”, una especie moderna de adversus Litelantes, gestada internamente, que ha afectado severamente a muchas personas de buena voluntad con los Maestros.

Sin embargo, tenemos confianza en el cariño sincero que muchos le tienen a nuestra amada Maestra ―quien sí participa de la raíz verdadera de las religiones, las efectivas escuelas de regeneración― para realizar esta tarea, pues nada es casual en el cosmos, mucho menos que ahora nos dediquemos a esta Iglesia, encomienda que debemos cristalizar con amor, tal como nos entregó la enseñanza el Maestro, según nos decía Dondita.

En efecto, con cariño verdadero para los Maestros y el desinterés que debe presidir los actos de amor al prójimo, del servicio efectivo a la humanidad, que ya sabemos de antemano nos va a pagar con ingratitud, y que además va a querer crucificarnos por atrevernos a decirle hipócritas a los fariseos, en sus mismas sinagogas…

Pero sobrado ejemplo tenemos de nuestros Señores Jesucristo, Litelantes y Samael Aun Weor, a quienes dedicamos este empeño de adorarlos bajo la forma de una Iglesia, que por principio no pide ni exige diezmos o cuotas, y anhela servir con la debida seriedad, con la responsabilidad eficiente que esperan los Maestros. ¡Sean sus nombres benditos por toda la eternidad!